[ADVERTENCIA: chapa sentimental
aproximándose]
Tod@s aquell@s que me conocéis bien -que sois a quienes me
dirijo hoy- sabéis que viene siendo inevitable que mis ánimos caigan a niveles
propios del Inframundo en esta fecha concreta; sabéis también que las chorradas
del tipo “San Valentín es una fiesta comercial”, “Yo amo igual todo el año”, “A
mí nadie me dice cuándo tengo que regalar a mis seres queridos” y demás tópicos
rancios me la sudan, y que para mí San Valentín es una fecha muy, muy especial,
aunque hasta este año no he tenido nada que celebrar... Y digo hasta este año,
porque he decidido adoptar una costumbre latinoamericana que me parece
práctica, adecuada y correctísima, que es concebir San Valentín como el “Día
del Amor y la Amistad”, así que basándome en esa premisa, obviamente sí tengo
qué celebrar hoy (ya os habíais quedado de piedra pensando que me había echado
churri, ¿a que sí? Pues no, no es el caso, jajajaja).
Celebro en primer lugar, y por encima de
todo, el amor de mi familia, en especial el que me entrega cada día la más
allegada, que me soporta en mis peores momentos y disfruta conmigo en los
mejores. Gracias por vuestros consejos, por vuestro cariño incondicional y
hasta por vuestras broncas. Gracias, simplemente, por estar ahí, ya que no sé qué sería de mí sin vosotr@s.
Celebro, en honor del San Valentín
tradicional español, el amor que he sentido hacia aquello que me pierde en esta
vida: los hombres. Pocos, muy pocos, han sido meritorios de este sentimiento,
pero a todos ellos les deseo lo mejor en esta vida, y les doy las gracias por
la experiencia que me han dado con su cariño, su rechazo o su indiferencia
respectivamente. A uno en concreto que yo me sé, que todavía anda por mi corazón
como si fuera su casa, pues qué le voy a decir... Que no le voy a nombrar porque me queda aún algo de orgullo, pero que lo adoro con locura y
que después de tantos años, eso no cambiará pase lo que pase. Lo sabes, bro.
Celebro algo que no todo el mundo tiene el
privilegio de poseer, el placer de la complicidad en estado puro, ésa que
solamente se encuentra con el paso de los años; esa felicidad que me brindan
desinteresadamente mis niñas; me refiero en este caso a las cuatro, pasara lo que pasara en el pasado,
pase lo que pase hoy y pasare lo que pasare en el futuro. Unas estáis aún a mi lado, y otra ya no lo está, básicamente porque así lo ha querido; a ella le deseo lo mejor en esta vida, aunque nuestros caminos se hayan separado. A vosotras tres, que estáis conmigo contra viento y marea, con alegrías y penas, quiero deciros que os quiero, os
necesito y mi vida sin vosotras no sería ni la mitad de lo que hoy es. Siempre
tendré, pues, allá donde nos lleve esta vida, cuatro compartimentos especiales
guardaditos en mi alma, llenos de los mejores momentos vividos con vosotras.
Celebro también la amistad que comparto
con algunas de las personas que me rodean (ni muchas, ni pocas, sino
exactamente las justas), con quienes puedo hablar libremente y sin tapujos de
los problemas que me preocupan, de los problemas que l@s
preocupan a ell@s y de todo lo que necesitemos
hablar en cada ocasión. Personas con las que una juerga improvisada se
convierte en una noche inolvidable, y una escapada de fin de semana se vuelve
una cura de risoterapia para todos mis problemas. Sois muy, muy importantes
para mí, estáis muy presentes en mi mente y por ello celebro haberos conocido y
seguir viviendo momentos especiales con vosotr@s
por muchos años.
Celebro con mucha alegría haber
encontrado algo más allá del mero compañerismo en mi vida laboral; me llena de
ilusión pensar que, de entre l@s much@s compañer@s
que he tenido, tengo y tendré, se quedan los recuerdos de confianza, de cariño
y de empatía vividos con algun@s de ell@s, que más que compañer@s han sido y son camaradas.
Celebro, por último, los recuerdos que
conservo de amistades pasadas, que se perdieron en diferentes océanos de
discusiones, distanciamientos y enfrentamientos, porque en su momento fueron
eso mismo, amistades, por todos esos recuerdos que me hacen sonreír o que me
hacen llorar y porque uno nunca sabe por qué caminos nos llevará la vida, y si
estos caminos volverán a unirse en el futuro.
Celebro, en resumen, mi propio San Valentín, y me siento estupendamente. ¡¡Brindo por ello!!
Me gusta mucho tu análisis san valentinero :)
ResponderEliminarThnx, sister!!
ResponderEliminarThnx, sister!!
ResponderEliminar