El Refugio del Morrosco

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viernes, 14 de febrero de 2014

San Valentín

[ADVERTENCIA: chapa sentimental aproximándose]

Tod@s aquell@s que me conocéis bien -que sois a quienes me dirijo hoy- sabéis que viene siendo inevitable que mis ánimos caigan a niveles propios del Inframundo en esta fecha concreta; sabéis también que las chorradas del tipo “San Valentín es una fiesta comercial”, “Yo amo igual todo el año”, “A mí nadie me dice cuándo tengo que regalar a mis seres queridos” y demás tópicos rancios me la sudan, y que para mí San Valentín es una fecha muy, muy especial, aunque hasta este año no he tenido nada que celebrar... Y digo hasta este año, porque he decidido adoptar una costumbre latinoamericana que me parece práctica, adecuada y correctísima, que es concebir San Valentín como el “Día del Amor y la Amistad”, así que basándome en esa premisa, obviamente sí tengo qué celebrar hoy (ya os habíais quedado de piedra pensando que me había echado churri, ¿a que sí? Pues no, no es el caso, jajajaja).

Celebro en primer lugar, y por encima de todo, el amor de mi familia, en especial el que me entrega cada día la más allegada, que me soporta en mis peores momentos y disfruta conmigo en los mejores. Gracias por vuestros consejos, por vuestro cariño incondicional y hasta por vuestras broncas. Gracias, simplemente, por estar ahí, ya que no sé qué sería de mí sin vosotr@s.

Celebro, en honor del San Valentín tradicional español, el amor que he sentido hacia aquello que me pierde en esta vida: los hombres. Pocos, muy pocos, han sido meritorios de este sentimiento, pero a todos ellos les deseo lo mejor en esta vida, y les doy las gracias por la experiencia que me han dado con su cariño, su rechazo o su indiferencia respectivamente. A uno en concreto que yo me sé, que todavía anda por mi corazón como si fuera su casa, pues qué le voy a decir... Que no le voy a nombrar porque me queda aún algo de orgullo, pero que lo adoro con locura y que después de tantos años, eso no cambiará pase lo que pase. Lo sabes, bro.

Celebro algo que no todo el mundo tiene el privilegio de poseer, el placer de la complicidad en estado puro, ésa que solamente se encuentra con el paso de los años; esa felicidad que me brindan desinteresadamente mis niñas; me refiero en este caso a las cuatro, pasara lo que pasara en el pasado, pase lo que pase hoy y pasare lo que pasare en el futuro. Unas estáis aún a mi lado, y otra ya no lo está, básicamente porque así lo ha querido; a ella le deseo lo mejor en esta vida, aunque nuestros caminos se hayan separado. A vosotras tres, que estáis conmigo contra viento y marea, con alegrías y penas, quiero deciros que os quiero, os necesito y mi vida sin vosotras no sería ni la mitad de lo que hoy es. Siempre tendré, pues, allá donde nos lleve esta vida, cuatro compartimentos especiales guardaditos en mi alma, llenos de los mejores momentos vividos con vosotras.

Celebro también la amistad que comparto con algunas de las personas que me rodean (ni muchas, ni pocas, sino exactamente las justas), con quienes puedo hablar libremente y sin tapujos de los problemas que me preocupan, de los problemas que l@s preocupan a ell@s y de todo lo que necesitemos hablar en cada ocasión. Personas con las que una juerga improvisada se convierte en una noche inolvidable, y una escapada de fin de semana se vuelve una cura de risoterapia para todos mis problemas. Sois muy, muy importantes para mí, estáis muy presentes en mi mente y por ello celebro haberos conocido y seguir viviendo momentos especiales con vosotr@s por muchos años.

Celebro con mucha alegría haber encontrado algo más allá del mero compañerismo en mi vida laboral; me llena de ilusión pensar que, de entre l@s much@s compañer@s que he tenido, tengo y tendré, se quedan los recuerdos de confianza, de cariño y de empatía vividos con algun@s de ell@s, que más que compañer@s han sido y son camaradas.


Celebro, por último, los recuerdos que conservo de amistades pasadas, que se perdieron en diferentes océanos de discusiones, distanciamientos y enfrentamientos, porque en su momento fueron eso mismo, amistades, por todos esos recuerdos que me hacen sonreír o que me hacen llorar y porque uno nunca sabe por qué caminos nos llevará la vida, y si estos caminos volverán a unirse en el futuro.

Celebro, en resumen, mi propio San Valentín, y me siento estupendamente. ¡¡Brindo por ello!!

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