El Refugio del Morrosco

El Refugio del Morrosco

viernes, 23 de enero de 2015

Decepción

Todo empezó a pocas semanas de terminar 2014. Todo lo que hacía que la rutina del día a día se pudiera sobrellevar  se tambaleaba por motivos ajenos a mí sin que pudiera hacer nada más que observar, y rezar para que Dios tuviera una solución de emergencia preparada en sus planes, eso que los humanos llamamos "azar" o "casualidad" desde la inmensa ceguera de nuestra vanidad.

Las navidades llegaron mientras la congoja me iba invadiendo, temiendo que la situación pudiera más que el espíritu de unas fechas que, al menos para mí, son las más importantes del año. No fue así, mi familia resultó ser más fuerte que las circunstancias y pasamos una Navidad fantástica, que quizá por el miedo a lo que pudiera empañarla y la sensación de espera angustiosa previa, se me pasó demasiado rápido.

Llegó la segunda marca, el final de un año y el principio de éste en el que estamos, y otra fecha primordial para mí, seguramente porque así lo era para alguien muy, muy querido para mí y que ya no puede disfrutarla a nuestro lado. Y en ese mágico momento, a las 00:00 del 1 de Enero de 2015, las señales fueron claras... Clarísimas, incluso demasiado para mi gusto... Pero escogimos ignorarlas y seguir adelante celebrando el nuevo año que debía habernos traído una solución para nuestros problemas, una luz de esperanza, un resquicio, un respiro...

Los Reyes hicieron más magia que nunca para que los momentos de incertidumbre y zozobra que atravesaba mi familia no fueran apenas percibidos, al menos durante ese día mágico. Gracias a ese esfuerzo titánico y a la ilusión que mantenemos viva a duras penas desde nuestra infancia, pasamos de largo otro punto de ruta.

Y llegó el momento en que una oportunidad que no esperaba, una sorpresa agradable entre tantas tan poco interesantes, entre varios disgustos, me dio la posibilidad de conjurar mi Expecto Patronus particular, y desterrar fuera de mi burbuja toda traza de desesperanza y todo rastro de los problemas que se agolpaban en el límite de esa zona de seguridad. Ése fue precisamente mi error. Usé toda mi energía en esa barrera mágica, la cargué con todas mis ilusiones y puse el resto para tratar de mantenerla activa... Y no fue suficiente...

Es ahora que el Expecto Patronus ha sido destruido, se ha esfumado sin más en un momento, cuando de repente han caído sobre mí fantasmas que creí haber dejado tras de mí, miedos que asumí superados y angustia procedente de sueños incumplidos y proyectos inconclusos... Y no hay barreras que los detenga. No hay conjuro de protección que los frene.

Me he mantenido fuerte, he tratado de parecer frío, incluso quizá despreocupado, ante la situación. Llevo tratando de mantener esa farsa demasiado tiempo, y sin el halo de protección que me proporcionaba la ilusión del cambio, no sé si sabré ser el punto de anclaje que quería ser, y que mi familia necesita cada vez más. ¿Cómo ser el punto de anclaje de nadie si no encuentro el mío propio? Sigo adelante con mi día a día, no viviendo cada segundo sino sobreviviendo a cada hora como buenamente puedo. Mi alma no encuentra cobijo seguro para reordenar mis sentimientos y no puede reparar el daño hecho sin ese refugio. Quiero creer que lo encontraré, seguro, solamente espero encontrarlo antes de caer aún más bajo en el foso de los reproches y las inseguridades.

Quiero pensar que Dios tiene un gran plan para mí, que nos está poniendo a prueba con este pasaje por el mundo de las sombras para entregarnos una luz más potente aún. Quiero creerlo.

viernes, 14 de febrero de 2014

San Valentín

[ADVERTENCIA: chapa sentimental aproximándose]

Tod@s aquell@s que me conocéis bien -que sois a quienes me dirijo hoy- sabéis que viene siendo inevitable que mis ánimos caigan a niveles propios del Inframundo en esta fecha concreta; sabéis también que las chorradas del tipo “San Valentín es una fiesta comercial”, “Yo amo igual todo el año”, “A mí nadie me dice cuándo tengo que regalar a mis seres queridos” y demás tópicos rancios me la sudan, y que para mí San Valentín es una fecha muy, muy especial, aunque hasta este año no he tenido nada que celebrar... Y digo hasta este año, porque he decidido adoptar una costumbre latinoamericana que me parece práctica, adecuada y correctísima, que es concebir San Valentín como el “Día del Amor y la Amistad”, así que basándome en esa premisa, obviamente sí tengo qué celebrar hoy (ya os habíais quedado de piedra pensando que me había echado churri, ¿a que sí? Pues no, no es el caso, jajajaja).

Celebro en primer lugar, y por encima de todo, el amor de mi familia, en especial el que me entrega cada día la más allegada, que me soporta en mis peores momentos y disfruta conmigo en los mejores. Gracias por vuestros consejos, por vuestro cariño incondicional y hasta por vuestras broncas. Gracias, simplemente, por estar ahí, ya que no sé qué sería de mí sin vosotr@s.

Celebro, en honor del San Valentín tradicional español, el amor que he sentido hacia aquello que me pierde en esta vida: los hombres. Pocos, muy pocos, han sido meritorios de este sentimiento, pero a todos ellos les deseo lo mejor en esta vida, y les doy las gracias por la experiencia que me han dado con su cariño, su rechazo o su indiferencia respectivamente. A uno en concreto que yo me sé, que todavía anda por mi corazón como si fuera su casa, pues qué le voy a decir... Que no le voy a nombrar porque me queda aún algo de orgullo, pero que lo adoro con locura y que después de tantos años, eso no cambiará pase lo que pase. Lo sabes, bro.

Celebro algo que no todo el mundo tiene el privilegio de poseer, el placer de la complicidad en estado puro, ésa que solamente se encuentra con el paso de los años; esa felicidad que me brindan desinteresadamente mis niñas; me refiero en este caso a las cuatro, pasara lo que pasara en el pasado, pase lo que pase hoy y pasare lo que pasare en el futuro. Unas estáis aún a mi lado, y otra ya no lo está, básicamente porque así lo ha querido; a ella le deseo lo mejor en esta vida, aunque nuestros caminos se hayan separado. A vosotras tres, que estáis conmigo contra viento y marea, con alegrías y penas, quiero deciros que os quiero, os necesito y mi vida sin vosotras no sería ni la mitad de lo que hoy es. Siempre tendré, pues, allá donde nos lleve esta vida, cuatro compartimentos especiales guardaditos en mi alma, llenos de los mejores momentos vividos con vosotras.

Celebro también la amistad que comparto con algunas de las personas que me rodean (ni muchas, ni pocas, sino exactamente las justas), con quienes puedo hablar libremente y sin tapujos de los problemas que me preocupan, de los problemas que l@s preocupan a ell@s y de todo lo que necesitemos hablar en cada ocasión. Personas con las que una juerga improvisada se convierte en una noche inolvidable, y una escapada de fin de semana se vuelve una cura de risoterapia para todos mis problemas. Sois muy, muy importantes para mí, estáis muy presentes en mi mente y por ello celebro haberos conocido y seguir viviendo momentos especiales con vosotr@s por muchos años.

Celebro con mucha alegría haber encontrado algo más allá del mero compañerismo en mi vida laboral; me llena de ilusión pensar que, de entre l@s much@s compañer@s que he tenido, tengo y tendré, se quedan los recuerdos de confianza, de cariño y de empatía vividos con algun@s de ell@s, que más que compañer@s han sido y son camaradas.


Celebro, por último, los recuerdos que conservo de amistades pasadas, que se perdieron en diferentes océanos de discusiones, distanciamientos y enfrentamientos, porque en su momento fueron eso mismo, amistades, por todos esos recuerdos que me hacen sonreír o que me hacen llorar y porque uno nunca sabe por qué caminos nos llevará la vida, y si estos caminos volverán a unirse en el futuro.

Celebro, en resumen, mi propio San Valentín, y me siento estupendamente. ¡¡Brindo por ello!!

lunes, 27 de enero de 2014

Manifiesto del Usuario de Transporte Público

¡Qué bonito día! Sales de casa con los ojos plagados de legañas y tirando de tu cuerpo con un esfuerzo inhumano, y lo primero que te encuentras así, de golpe, es la venerada sociedad que te rodea. Qué impacto...

De entrada, por las calles te topas con gente que pasea a las 7 ó las 8 de la mañana con una alarmante parsimonia (¿de verdad tienen que pasear en plena hora punta? ¿no tienen tiempo el resto del día?, es más, ¿no duermen?), y preferiblemente en grupos de 3 ó más, con el único fin aparente de taponar las -ya de por sí atestadas- aceras de la ciudad. Sorteando toda suerte de grupos de tertulia estacionados en el centro mismo de la acera para debatir temas de rabiosa actualidad, gente haciendo footing, señor@s que van al mercado -para montar los puestos, supongo, porque a esas horas ya me dirás-, te abres paso como buenamente puedes y ahí está el primer obstáculo serio de la mañana: un paso de cebra; ¿para qué pintan pasos de cebra o de peatones en las calzadas, si no los usa ni el que los pintó? La explicación es muy sencilla, ya que o te tiras en plan comando de guerra sobre un coche o te da el almuerzo esperando. Como no podía ser de otro modo, el peatón listillo cruza por donde le sale del moño, saltándose a la torera las normas de educación vial y justificando involuntariamente al conductor listillo que está hart@ de esquivar peatones suicidas y no para ni en los pasos de cebra. Este hecho se agrava cuando el peatón listillo es realmente un@ ancian@ de 90 años con movilidad reducida. ¿Cree ud. que tiene la forma física necesaria para cruzar ágilmente una vía de tres carriles sorteando coches? Pues le informo de que no, no la tiene. Un círculo vicioso de libro. Y ahora voy a abrir brecha, y lo sé, pero me la suda: querid@s ciclistas, me parece muy valiosa vuestra aportación al medio ambiente, pero me toca mucho ciertas partes de mi cuerpo que las normas de circulación sean aplicables a tod@s, menos a uds. Hay un número importante de ciclistas que, además de ciclistas, podrían entrar en la categoría “asesin@s en serie” sin esfuerzo, ya que te adelantan a velocidad de espanto por la derecha, por la izquierda, por delante, por detrás y, si te descuidas, por encima. Los semáforos no son para ell@s, ya que cuando está rojo para los vehículos, ell@s son peatones con una bici, y cuando está rojo para los peatones, son vehículos con un ser humano. Qué fácil es todo si te la trae floja el resto del mundo, ¿eh? He de defender sus intereses en un caso concreto: Personajill@s del mundo, el carril bici es un CARRIL BICI -como su propio nombre indica- para los ciclistas, no una bonita vereda roja para pasear, ni un carril más para las motos, ni un sitio perfecto para pararse a mirar el móvil. Todos los puntos de vista son interesantes, y como en todos los gremios, hay bastard@s y gente honrada.

Llegas, ileso pero ya con un mosqueo considerable, a la cola del autobús, con la fortuna de que solamente hay dos o tres personas esperando y piensas “qué suerte, lo mismo hasta me siento”. ¡Ja!, no contabas con un detalle, l@s “abuel@s ninja” que aparecen de entre las sombras 6 segundos antes de que el autobús abra sus puertas, y se colocan delante de ti porque “son ancian@s, y a l@s ancian@s hay que cederles el asiento”. Tócate un pie. Tengo que ceder el asiento a un@ ancian@ por educación; la misma educación que te enseña a guardar cola para el autobús, ¿no? Pues eso es, así que tras una larga espera -porque hay líneas de autobús en las que estoy convencido de que solamente hay dos vehículos, uno para un lado y uno para el otro- y estando en tercer o cuarto puesto en la cola, te jodes y vas de pie. Una vez dentro, te enfrentas a nuevos retos; por un lado, está el conductor, que aunque hay much@s que son muy correctos, te encuentras con cada cafre que asusta. Puede que sea un@ de es@s conductor@s que viven en constante frustración, que no te dan los buenos días ni aunque se los pagues, y que ponen cara de satisfacción cuando dejan a una pobre mujer en tierra por un carrito de bebé, a un viajero fuera por tres segundos o a alguien tocando la puerta cuando el bus está parado en un semáforo a 8 metros de la parada, y que se hartan de repetir una y otra vez “pasen al fondo, por favor”, ¿qué fondo, gilipollas, si vamos en el autobús como en una lata de sardinillas en aceite?. A est@s conductor@s les dedico estas palabras: a joder menos, y a follar más. En otros casos, el/la conductor@ fue piloto de rally en otra vida y sube las cuestas con curvas peraltadas a 180 km/h, con lo que, como vas de pie por culpa de l@s abuel@s ninja, o te agarras como si te fuera la vida en ello o te bajas en la próxima, pero por la ventana de socorro. A est@s otr@s conductor@s les dedico estas otras palabras: Gran Turismo 5, Need for Speed, F1 2012, o cualquier otro simulador de carreras en casa, y en el curro, un poquito de por favor. En otros términos, -y esta frase es en especial para una parte bastante representativa de l@s jubilad@s de España-, quiero recordar a la humanidad que el agua no hace daño, ni nos quita años de vida, ni nos desgasta la piel ni nada por el estilo. Subirse a ciertos autobuses, a ciertas horas del día, es un verdadero suplicio para nuestras fosas nasales. No puede ser normal que la frase “en este autobús huele a viejo” sea sinónimo de “este autobús huele como una pocilga”, aunque sea por pura vergüenza. Para terminar, hay un último peligro que sortear en los autobuses, y no es otro que l@s señor@s que se colocan justamente delante de la puerta -porque es el sitio que les gusta-, aunque se bajan doce paradas más allá, y que no se mueven de su privilegiada posición aunque se abra la Tierra debajo de sus pies. ¿Dan premios en metálico al primer@ que sale del bus en cuestión? Porque yo he salido el primero en ocasiones, y no me han dado ni la enhorabuena...

Bajas del autobús blasfemando, y te enfrentas al siguiente reto: el Metro/Renfe; lo primero que adviertes al encontrarte frente a la entrada de la estación que corresponda es una realidad aplastante: hay gente que no sabe leer. Los carteles que hay en las puertas que rezan respectivamente “ENTRADA” y “SALIDA”, con sus respectivos carteles en la parte posterior de “NO PASAR” no tienen utilidad alguna, ya que l@s usuari@s de estos medios de transporte están muy por encima de estos términos tan banales, y entran y salen por donde les parece. Qué frustrante es intentar entrar por la “ENTRADA” (de lógica, ¿no?) y encontrarse de frente un torrente de personas que han decidido que necesitan imperiosamente salir por esa puerta precisamente, y no por la que está justo al lado, y que bajo ningún concepto les parece aceptable, pese a que el perverso cartel de esa segunda puerta que proclama sin pudor “SALIDA” les invita a perder su libertad de elegir puerta... Una vez dentro, te encuentras de nuevo con los grupos de paseo, pero unos más divertidos todavía que los que te encontraste por las calles minutos (u horas) antes, dado que prefieren dar esos reconfortantes paseos mañaneros por estaciones como Chamartín, Atocha, Avenida de América o similar -que a esas horas son verdaderos campos de batalla sin ley-, y eligen con muy buen criterio ese preciso momento y lugar para hacer turismo y conocer mundo. Evitas acabar con la vida de estos paseantes incómodos, y pasas a la siguiente fase, las escaleras mecánicas. En ellas te cruzas con señor@s que, de forma inexplicable, se paran en seco en la parte superior o inferior -o incluso en ambas- de las mismas, y forman un tumulto de gente que choca y se empuja que bien podría denominarse como “jungla descontrolada” y que también podría acabar en tragedia, con decenas de personas despeñadas en cascada por las escaleras, convenientemente rematadas de esquinas y picos metálicos altamente dolorosos. Y hablando de las escaleras mecánicas: gentes de las ciudades, me parece comprensible que tengáis tanta prisa, porque a veces yo también la tengo, pero si vais a galopar por las escaleras mecánicas como si no hubiere mañana, por lo menos no os llevéis por delante a l@s que tenemos la extraña manía de utilizar las escaleras mecánicas para lo que son (aclaración: para subir o bajar cómodamente, sin moverse). Tenéis unas fantásticas escaleras a la vieja usanza por las que podéis subir, bajar, trotar o rodar si os place, y es preferible que no lo hagáis por unas escaleras que -os informaré de un secreto que quizá no conocéis- se mueven solas.

Alcanzas el andén correspondiente, cosa que en algunas estaciones es todo un reto (para muestra, la estación de Cercanías de Atocha; ¿se puede idear una estación más confusa y peor señalizada? La respuesta es, claramente, no), y si tienes una suerte increíble, podrás subirte en el primer tren que llegue (o en el segundo, o en el tercero, depende de la hora, claro). En ese momento es curioso observar a l@s usuari@s que se sientan en los bancos del fondo del andén a esperar el tren, y cuando las puertas se abren están afincados misteriosamente justo delante de ti, que te has colocado en la misma baldosa (cuidadosamente calculada) en la que se sitúa la puerta del vagón que mejor te viene; seguramente son familiares direct@s de l@s abuel@s ninja de las paradas de autobús, porque esa técnica es inconfundible. Dejas que salgan las chorromil personas que bajan en esa parada, porque así es amig@s, debe un@ dejar salir a la gente de un vagón antes de entrar, aunque un@ sea un@ venerable ancian@, por la misma educación de la que hablábamos antes, y te adentras en la fase final de tu aventura: el vagón de Metro/Renfe. En esta fase, que ya es de nivel Experto, te encuentras lo más selecto de la sociedad. Primero localizas a los babosos (en este caso me ahorro la @, ya que el 99% son varones) que miran con lascivia a jovencitas -y no tan jovencitas-, recorriendo con ansia sus cuerpos con la mirada, como si con esa elegante técnica fueran a cortejar a alguien. Compañeros, un servidor es el primero que mira lo que le gusta cuando va por la calle, en un autobús o en el Metro, pero por Dios, un poco de sutileza, de discreción y de respeto, que lo que estás mirando es una persona, no un escaparate de embutidos. Deben destacarse de entre est@s algunos entes, más babosos todavía, que no se contentan con mirar, y restriegan cebolleta sin escrúpulos por todo trasero que tiene la desgracia de acabar frente a ellos... Mira, si por lo menos estuvieras frescorro, pues esa alegría que se lleva un@ p'al cuerpo, pero es que encima eres repugnante, corazón. Buscas un sitio libre de babas repulsivas, y frente a ti se abre un sinfín de seres humanos -por decir algo- que llevan sin ver el agua corriente semanas. Es comprensible que una persona que no tiene donde vivir tenga que conformarse con asearse allá donde pueda, y ahí tod@s tenemos que ser comprensivos, pero ¿de verdad todos los cerdit@s hediond@s que pululan por los vagones de Metro/renfe de la ciudad tienen ese problema? No, señor@s, hay gente que sencillamente no sabe lo que es una ducha. Te abstraes de esta enfermiza realidad, sea con un libro, sea con una música de tu agrado, y llega el espectáculo incluido en el abono transporte (de ahí su precio). Cada día vemos, con toda la pena de nuestra alma -aquell@s que tengamos de eso-, más personas que piden dinero o comida porque realmente lo necesitan, y que deberían tener todo nuestro apoyo y nuestro respeto; pero, entre est@s respetables personas, hay sinvergüenzas que, aprovechando la que está cayendo y que el Pisuerga pasa por Valladolid, piden en un vagón de Metro para comer, se bajan en una estación, salen a la calle, sacan de su bolsillo un paquete de tabaco y se encienden un piti; a ver, rey/reina, ¿pides para comida, o para tabaco?; he llegado incluso a ver en manos de estos personajes algún paquete de Marlboro... ¿Así que yo me tengo que pasar al tabaco de liar porque el tabaco en este país es un lujo, y tú pides para comer y fumas Marlboro? Vamos, no me jodas. Lo único que hacen est@s impresentables es deshonrar a aquellas personas que, como he dicho, piden porque de verdad lo necesitan. También con todo mi respeto por la gente que toca en el Metro, pregunto ¿es totalmente necesario que la música que me ofreces desinteresadamente a cambio de “la voluntad” tenga tal volumen que me impida leer, mantener una conversación o escuchar la propia música que llevo en mis cascos? ¿en serio? Luego querrás que te dé unas monedas, claro, pero lo que realmente me apetece darte no te lo puedo dar, porque es delito. Si te libras del músico errante, no te quepa duda que su lugar lo ocupará gustosamente un@ nini y su móvil con sub-woofer integrado y el reggaetton/hip-hop/pachanga/flamenquito a toda pastilla, que también es para partirles la cara; niñ@, la musiquita para las discotecas, que en el Metro/Renfe tiene un@ que dedicarse a lamentaciones varias y no tiene un@ el cuerpo para Shakiras, Pitbulls y Niñas Pastoris. Aprovechando para hilar con el tema de -intentar- leer en el transporte público, es interesante recordar a l@s usuari@s lector@s que, sobre todo cuando el espacio es reducido, los libros de un tamaño similar al del tomo “A-C” de la Larousse no son nada prácticos. Recomiendo a l@s lector@s del autobús/Metro/Renfe (entre l@s que me encuentro) que analicen estas tres palabras: edición-de-bolsillo. Tu afición por la lectura no tiene por qué clavarse en mi espalda, ni sacarme un ojo, ni utilizar mi chepa como atril. A estas alturas ya no sabe un@ cuál de los incordios es peor...

Y tras esta romería de los horrores, llega la estación de destino y te ves ante el último escollo: esa gente a la que le preguntas, dentro de un confortable vagón lleno hasta límites insospechables, “¿va ud. a salir?” y que se giran, te miran con una mezcla de odio y desgana, se apartan exactamente 6 cm a un lado y pretenden que pases grácilmente por el amplio pasillo que te han proporcionado.  Cuando no hay sitio, pues no hay sitio, y es lo que hay, pero es que cuando lo que no hay es voluntad, pues le toca a un@ un poco las narices. Sales del vagón, revisando los bolsillos para comprobar que ningún objeto ha acabado en las manos de algun@ desgraciad@ con los dedos muy largos, te recompones la camisa, la chaqueta, el bolso y hasta las entrañas y te dispones a salir de nuevo a la misma calle en la que empezaste, para encontrarte de nuevo con los mismos obstáculos que al principio hasta llegar al trabajo, que a veces hasta te alivia (y ya tienes que haber pasado penurias para que llegar al curro te produzca esa sensación...). Teniendo en cuenta que esto se complica si tienes transbordos de por medio, y que cuando no son unas obras en la calle son huelgas de EMT y/o de Metro y/o de Renfe, pues la simple cosa de desplazarte a diario desde el calorcito de tu hogar hasta la rutina diaria del trabajo llega a desesperarte. Es en ese momento cuando, viendo la televisión, aparece un anuncio de las autoridades locales en el que ves a gente contenta y feliz que te anima a utilizar el Transporte Público, y se te saltan las lágrimas, no precisamente de alegría...

jueves, 16 de enero de 2014

Reflexiones Noctámbulas

Poco se ha hecho esperar la primera, la verdad sea dicha. Y es que a estas horas intempestivas me encuentro frente al portátil porque no puedo pegar ojo, y porque los libros llega un punto en que me dan una sensación 50% alergia y 50% asco; y he pensado que era el momento idóneo para lanzar unas líneas.

Vamos a empezar por el principio. El pueblo, que poco a poco está despertando, sale a la calle sartén en mano en #Gamonal para tratar de evitar otro de ésos pelotazos urbanísticos del alcalde listillo de turno. Tras días de improperios mal traídos y estupideces varias escupidas con ese "savoir fâire" de mercadillo tan típico de los gobernantes de la etapa democrática de este país, el pueblo acaba GANANDO -sí, señor@s del PP, esto es una VICTORIA del pueblo, lo quieran uds. llamar lo que le llamen- y el alcalde listillo paraliza el tema durante 15 días.

En Madrid -y en otras muchas ciudades- se convoca una manifestación de apoyo a ese colectivo de vecinos de un barrio que han demostrado tener un arrojo que ya nos gustaría a muchos. Salen bastantes cientos (un millar según Público, doce según La Razón) de personas a manifestarse con todo su derecho, para dar su apoyo a esta iniciativa de #Gamonal, con la que personalmente estoy en sumo acuerdo. La manifestación va transcurriendo de forma normal, hasta que los manifestantes se acercan a ese lugar que deja a Mordor y Roca Casterly como amigables lugares donde tomar el té, también conocido como Génova. En ese punto empieza la locura: como suele ocurrir en toda manifestación, hay un pequeño grupo de exaltad@s (uno o ninguno según Público, unos 50 encapuchados armados y enloquecidos según La Razón) que empiezan a liarla. Los Mastines del sistema (también llamados antidisturbios) sacan las porras y se lían a palos, con más o menos razón, y ahí acabaría la historia de siempre...

Pero no es así, porque miren uds. por dónde, los Mastines han cazado una pieza rara y excepcional: un bombero. Y al resto de la ciudadanía nos da por pensar (bueno, realmente, esto lo hace solamente un pequeño porcentaje del resto de la ciudadanía, y a los resultados electorales de Noviembre de 2011 me remito como prueba de ello), y te preguntas qué le está ocurriendo a un Estado en el que unos Servicios de Emergencia y Seguridad atacan a otros, bajo la permisividad de los políticos que miran para otro lado, y esa justicia perezosa que, cuando despunta con algún acto de valentía -véase Garzón- acaba siendo enterrada por las oscuras manos que manejan los hilos.

Y ves vídeos de pésima calidad, imágenes y demás flashes informativos, unos reales y otros retocados, pero por mucho que miras no consigues entender qué ha podido hacer el bombero para que los Mastines lo hayan detenido... Lees diferentes medios, desde un extremo a otro, y sigues sin entender nada; todo son informaciones vagas, suposiciones y deducciones de periodistas tintados de rojo, de azul o de amarillo. Pero no pasa nada, cada medio contará una historia diferente para crear ese estado de "Duda Razonable Permanente" en el que vivimos desde hace años, y mañana será otro día...

Lo que poca gente entiende es que, como ocurrió en Kiev, cuando el pueblo se cabrea, y me refiero a algo serio, no comparable siquiera a la encomiable lucha del barrio de #Gamonal, sino un enfrentamiento cruento, totalmente teñido de ira, de rabia y de desesperación, no hay UIP's que valgan; y es que cien mil ciudadanos iracundos en estampida no pueden ser parados por cien Mastines, ni por mil, por muy bien parapetados que estén. Malos tiempos se acercan si estos Mastines no comprenden que deben ponerse al lado del pueblo que les paga, porque ya dice la sabiduría popular que mala estrategia es morder la mano que te da de comer.

Y ahí sigue el Gobierno, metido debajo de sus mesas de despacho, mirando con terror como la ominosa semilla del 15M brota de nuevo con otra forma, con otra composición, pero con el mismo espíritu, en #Gamonal. Y eso es lo más gracioso, que con tanto Mastín bien adiestrado, con tanta mayoría absoluta y con todo el aparato legislativo, ejecutivo y judicial en sus manos, tiemblan de pavor en cuanto que ven al pueblo hacer amago de levantarse. Ni se sabe qué les pasará a est@s señor@s cuando el pueblo se levante de verdad...

Mientras esto no empiece a cambiar, sigo opinando lo mismo:
#CharangaYPandereta

miércoles, 15 de enero de 2014

Bienvenid@s

Bienvenid@s a La Filacteria del Morrosco.

Much@s os preguntaréis qué demonios es una Filacteria, cosa normal si tenemos en cuenta que la mayoría de vosotr@s no seréis poderosos magos del Inframundo. Una Filacteria no es más que un objeto de poder, en cuyo interior guardamos los Liches (esto es, poderosos magos del Inframundo) nuestra alma. Somos invulnerables siempre que nuestra Filacteria esté a salvo, y la única manera de acabar con un Liche es precisamente destruir su Filacteria.




Por ese motivo, he elegido este nombre para iniciar una tarea que tenía pendiente desde hace milenios: un blog en el que poder lanzar mis incendiarias opiniones, ácidas críticas y profundas reflexiones de forma ordenada. Nuestras ideas son nuestra alma, y mientras esas ideas sobrevivan, somos inmortales.


Según me vayan llegando momentos de inspiración, iré añadiendo entradas. Espero que os gusten, que las odiéis, que os enternezcan, que os escandalicen y que os hagan reflexionar.






¡¡Saludos desde el Inframundo!!